25 de Mayo de 1876

El historiador quilmeño José Alcides Craviotto, en su libro “Quilmes a través de los años” (1966), cuenta que el entonces alcalde Manuel Garmendi recibió el 8 de junio de 1810 una serie de documentos y un oficio emitido por la Junta Provisional Gubernativa; Craviotto deduce que debe haberse tratado de la Proclama de la Junta emitida el 25 de mayo, la Intimación de obediencia a las nuevas autoridades del día 26 y el Bando mandando entregar las armas del 28. El día 10 de junio el alcalde reúne al pequeño poblado en la parroquia principal del partido, ubicada como hoy en Mitre y Rivadavia, y allí “hice publicar dicho bando en concurso de todas las gentes, y enterados de él respondieron en voz alta todos, que le obedecían y estaban prontos a ejecutar los mandatos de V.E.”, según cuenta en un mensaje a la Junta del día 12 de ese mes. Así el pueblo quilmeño prestó juramento a las nuevas autoridades surgidas de la Revolución.

Sesenta y seis años después, el periódico “El Quilmero” nos cuenta del poco entusiasmo reinante en la población quilmeña para la celebración de un nuevo aniversario patrio. En el artículo angustiosamente titulado “Nos amenaza la disolución social”, pinta un desolador panorama en los “festejos” de las Fiestas Mayas de hace 150 años:

Dolorosamente impresionados por lo que hemos palpado el dia 25 de Mayo, en Quilmes, tomamos la pluma para manifestar nuestros temores que creemos muy fundados, por la disolucion de esta sociedad.
Efectivamente. Llegó el gran dia que conmemora nuestra Independencia, y contra lo que esperábamos los que hemos conocido á Quilmes en otras épocas de menos lujo y aparato pero de mas cariño, todas las demostraciones de regocijo estuvieron reducidas á lo que la autoridad exhausta de recursos pecuniarios, pudo hacer.
En otros tiempos, y actualmente en otros pueblos, contribuye la Municipalidad, contribuye el Cura, contribuyen los Preceptores de las Escuelas, y por fin, contribuye el vecindario, cada uno en la esfera de sus facultades, y amalgamados todos, por decirlo así, unidos los recursos de todos, ya personales, ya pecuniarios, se hacen fiestas mas ó menos lujosas, mas ó menos lucidas, pero gustosas y agradables para todos los que por algun motivo sienten en su alma el alborozo de que es digna esa fecha ó sin sentirlo, por su posicion tienen el deber de prestarse al júbilo de la sociedad en que viven.
Pero en Quilmes, los vecinos que se consideran como notables, hacen notar tambien marchándose á la ciudad á gozar de los consabidos fueguitos con sus familias, y regresan á este pueblo despues de pasado ese dia que han contribuido con su ausencia á hacer menos agradable y mas cansado por la falta de fiestas y de la presencia de la mayoría de esos señores.
Cualquiera creerá que no es posible que en Quilmes no haya habido el dia 25 de Mayo siquiera una misa rezada en accion de gracias al Todopoderoso por tan gloriosos recuerdos como conmemora esa fecha.
Para celebrar esa misa no se necesitaban cantores, ni músicos, ni otros accesorios que siendo indispensables en la ciudad, demandan gastos que bien comprendemos que en Quilmes no se pueden hacer.
Se necesitaba solo que el señor Cura hubiera anunciado á la Municipalidad que la celebraria, ya que no se podia hacer otra cosa, y la invitara á asistir á ella en Corporacion, manifestando esta su regocijo de ese modo, y sustituyendo la falta de lunch ú otro refresco con el acto magnánimo de poner en libertad á algun preso de causa leve, ú otro de ese género.
Esto no ocasiona gastos, é impresiona agradablemente á las masas populares.
Pero es que la Municipalidad probablemente no habria podido reunirse.
¿Por qué? se preguntará quizá.
Es muy sencillo: porque varios señores municipales viven en la ciudad durante el invierno, y para la noche del 25 de Mayo tendrian que hacerse violencia costeándose á Quilmes.
El señor Cura que sin duda previó eso, ha perdido una magnífica oportunidad de hacerse notable como generoso, sin que le costara un peso.
Para que los niños de las escuelas hubieran ocurrido á la plaza á saludar el sol á su salida, batiendo la bandera azul y blanca, símbolo de nuestra emancipacion de la España, no hubiera sido necesaria mas que una invitacion del Consejo Escolar á los Preceptores, y la buena voluntad de éstos para disponerlo, de modo que, si por falta de ensayo ó de música, no podian cantar el Himno Nacional, al menos, enarbolando la bandera Argentina hubieran ocurrido en corporacion á la misa que con este motivo se celebrara.
Tambien opinamos que los Preceptores han perdido una bella oportunidad de demostrar al pueblo que no se han olvidado de su deber de enseñar á sus alumnos á conmemorar nuestras gloriosas épocas.
Pero á tal extremo llegó el desgano, que solo en una de las escuelas públicas se ostentaba una bandera Argentina.
Finalmente el modo como se ha pasado el 25 de Mayo en Quilmes da la mas triste medida del estado de espíritu de esta sociedad.
O mejor dicho; da el derecho de suponer que no existe tal sociedad de la llamada notable en este Pueblo.
¿Son miembros de nuestra sociedad las personas que en ella figuran como tales y en un dia como aquel abandonan á la localidad, y dejan al Juez de Paz que se empeñe en cumplir con el deber social de aparecer ese dia, solo y completamente abandonado?
Pues cónsteles á esos señores que tratándose de divertirse se van á Roma por todo, que el Juez de Paz á quien citamos tanto en el cumplimiento de sus deberes materiales, estuvo ese dia acompañado de los vigilantes de servicio, haciendo lanzar bombas é iluminar la casa municipal, para cumplir ese deber moral de magistrado hacia el pueblo, apesar de que una parte de ese pueblo lo dejó solo, por trasladarse á la ciudad á recrearse en los fuegos artificiales.
¡Y despues nos empeñamos en que los majistrados sean lo mas liberales con nosotros!
El Juez de Paz estuvo el 25 de Mayo en Quilmes y no hubo un solo vecino de esos que lo celan con perfecto derecho de miembros de la sociedad, que tuviera la amabilidad de presentarse en la plaza siquiera para que aquel se alentara con la presencia de algun vecino de representacion!
No puede quejarse el vecindario del modo de solemnizar el 25 de Mayo que tienen sus convecinos; así como no deben quejarse estos de la disolucion de una sociedad para cuya conservacion no contribuyen de ninguna manera.
La disolucion social en Quilmes se aparece allá en lontananza; y no necesita para su realizacion mas que los retrógrados apoyen al ferro-carril en sus estúpidos precios, y los que muestran tan poco cariño por este pueblo desgraciado, hagan prosélitos que quizá nuestras teorías no harán por aquello de que: hay mas abrigo donde mas calienta el sol.

El Quilmero, 28 de mayo de 1876

El Juez de Paz y presidente de la municipalidad en ese año era don Felipe Amoedo, siendo los municipales (actuales concejales) Miguel Arce, Alejandro Lassalle, Salomé Luque, Pedro Risso, Mariano Solla y el secretario Tomás Flores. El cura párroco era el padre José Ramón Quesada.