Etcheverry, personaje singular del periodismo

Etcheverry, personaje singular del periodismo

Nació el 28 de febrero de 1899 en el tambo que sus padres tenían en  Berazategui, cuando la localidad era una zona semi rural de Quilmes. Hijo de la criolla Juana Videla y el inmigrante español Gregorio Etcheverry, tuvo una infancia de juegos y travesuras. Durante la juventud le gustaba mucho leer y escribir, por lo que recibió el apodo de “Chupatinta” por parte de sus compañeros de andanzas y de estudio.

Se inscribió en el Colegio Militar de la Nación, pero la disciplina estricta lo hizo desistir de continuar. Tiempo más tarde aprobó un examen de admisión e ingresó a trabajar en la casa central del Banco de la Provincia de Buenos Aires, que estaba en la ciudad capitalina. Viajaba en tren hasta allí, donde fue ascendiendo y alcanzó el cargo de tesorero.

Hernán Balasini, hijo de su hermana Inocencia, publicó recuerdos de su tío en los que cuenta que compraba trajes en la conocida casa Muro de Buenos Aires, vestía ropa “impecable, calzaba zapatos o botines de horma angosta, negros, que, a veces, acompañaba con polainas grises. Usaba cuello duro y se perfumaba con colonias extranjeras mezcladas para que tuvieran un toque personal”.

Balasini agregaba que frecuentaba el bar Sportman, cercano a la estación ferroviaria de Berazategui; era bailarín de tango y fumador de cigarrillos negros de las marcas Fontanares y Particulares. También disfrutaba de ir al hipódromo de La Plata para hacer  apuestas y concurría a sitios donde se jugaba a los naipes, los dados y el billar.

Esa semblanza permite imaginar a un bon vivant de rasgos aporteñados, conviviendo en armonía en un vecindario sencillo.

Atento a la comunidad

Durante un tiempo lo rondó la idea de poner en marcha un periódico que fuera vocero de la localidad donde residía. Así fue que el 7 de junio de 1925 fundó el semanario La Palabra, acompañado por Manuel Fernández y Miguel Colchón quienes habían colaborado en una publicación anterior de esa zona. Su amigo Remo Hector Diani le daba una mano y Santos García conseguía los pocos avisos comerciales que pagaban los gastos.

Braulio era un hombre ilustrado; por eso, seguramente conocía nuestra  historia y eligió el aniversario de fundación de La Gazeta de Buenos Ayres para iniciar su publicación, cuando todavía no se conmemoraba en el país el Día del Periodista, que se  estableció recién en 1938. 

En las columnas del periódico protestaba por las calles en mal estado, señalaba la necesidad de preservar el ambiente que contaminaban las aguas servidas, reclamaba que se abrieran más escuelas y pedía a las autoridades que implementaran medidas de seguridad para los barrios. Los bailes y los temas sociales también se registraban en La Palabra.

A Etcheverry le gustaban los deportes y divulgaba los campeonatos que organizaba la Liga Quilmeña. El semanario que dirigía tenía equipo de fútbol propio desde el año siguiente a su fundación y participaba en los torneos. En las reuniones que se hacían para festejar los resultados ganadores de su conjunto o los del  Club Sportivo, actual Deportivo Berazategui, cumplía gustoso el rol de maestro de ceremonias, como llamaban a quienes animaban esos encuentros.

También advirtió que las prestaciones sanitarias en la zona estaban olvidadas y los pobladores debían recurrir al Hospital “Isidoro G. Iriarte” de Quilmes. Con esa convicción, en 1927 junto a otros vecinos participó en la Comisión que se propuso la fundación de un centro de salud. Las páginas de La Palabra difundieron la idea reiteradamente hasta que el 28 de abril de 1931 nació la Sociedad de Beneficencia y Asistencia Pública “Julia Copello de Tiscornia”, que desde entonces brinda servicios.

Al año siguiente promovió que se diera nombre y numeración a las calles berazateguenses, en aquel tiempo quilmeñas. Apoyó, además, que la arteria principal, la N° 14, fuera bautizada con el nombre de Guillermo E. Hudson, en homenaje al escritor nacido en el Antiguo Pago de la Magdalena, del que formaban parte Berazategui, Quilmes y Florencio Varela. La denominación  fue asignada apenas tres años después de la visita del premio Nobel de Literatura Rabindranath Tagore, quien había expresado a la prensa su felicidad por conocer la tierra donde había nacido Hudson. Los periodistas averiguaron y divulgaron al autor de “Allá lejos y hace tiempo”, que hasta entonces era un autor desconocido en nuestro país.

Las trompadas del dandy

En la personalidad de Braulio Etcheverry convergían manifestaciones opuestas, algunas lindantes con el arquetipo del bravucón y otras con las del caballero de maneras educadas. Hay anécdotas contadas por su sobrino que lo ejemplifican.

En una oportunidad, cuando tomaba un café con amigos en el bar Sportman, desde una mesa vecina le arrojaron carozos de aceitunas en actitud provocativa;  sin mediar comentario se acercó al agresor y le dio un puñetazo con tal fuerza que lo arrojó contra una vidriera que terminó rota.

En la peluquería de Santos Jambrina situada frente a la estación ferroviaria lo afeitaban a diario y él pedía que al terminar le pusieran loción en la cara. En ese local periódicamente le hacían masajes capilares con la pomada que la Dra. Julieta Lanteri había ideado para hacer crecer el cabello, promocionada en avisos publicados en La Palabra y en La Nación de Buenos Aires.

Esos hábitos infrecuentes entre los vecinos, sumado a su traje y la corbata de bancario, favorecieron que otro cliente comentara varias veces sus dudas sobre la hombría de Etcheverry. Se enteró de la habladuría y una mañana, cuando estaba a punto de ser atendido, llegó el charlatán. Inmediatamente Braulio saltó del sillón de la peluquería y le dio tal trompada que lo dejó en la vereda. A partir de entonces terminaron las murmuraciones. Quienes presenciaron el hecho solían recordarlo, además de su sobrino.

Quizás apasionado por la aventura, fue entusiasta de la aviación civil y en una oportunidad voló en un aparato del entonces Aero Club de Quilmes. Ocurrió en 1933 en la nave que llevaba como piloto a Cirilo H.A. Taylor, reconocido aeronauta de aquellos años en nuestro país y en Chile.

Esa no fue la única oportunidad en que voló, ya que durante la colocación de la piedra fundacional de la parroquia Sagrada Familia, el 8 de diciembre de 1935, desde una avioneta volando a baja altura, Etcheverry arrojó un ramo de flores a modo de adhesión a la ceremonia, causando comentarios de admiración entre los asistentes. En otras dos oportunidades, desde el aire lanzó la pelota sobre el campo de juego del club Sportivo en el momento en que se empezarían a jugar los partidos de fútbol.

Esa espectacularidad entre audaz y ocurrente para acompañar situaciones que reunían a muchos vecinos, muestran su faceta capaz de seducir a los espectadores y lo convirtieron en el personaje apreciado que fue.

En la función pública y con la prensa

En 1934, Braulio Etcheverry, presidió el comité del Partido Demócrata Nacional y por la misma agrupación política ocupó una banca en el Concejo Deliberante de Quilmes. Tenía treinta y cinco años y fue uno de los ediles más jóvenes.

Posteriormente fue elegido consejero Escolar de Quilmes por ese partido político y presidió la Comisión de Ayuda y Fomento Escolar del Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires.

Tres años después, el 28 de abril de 1939, en el Club Social, por iniciativa de un grupo de cronistas y propietarios de medios de difusión, se creó la Asociación Gente de Prensa, de Quilmes. Tenía el propósito de “defender los postulados básicos de la ética profesional, como así los intereses vinculados a la prensa en el Partido con prescindencia de banderías políticas, ideológicas y religiosas… dentro de la más amplia práctica del respeto y de amistad sincera y fraterna…”.

La invitación fue firmada por Braulio Etcheverry como secretario de la Junta Provisoria que integraban Martín Ibarra Figueredo y Oscar Sanz del diario La Prensa; Francisco Urrestarazu de los diarios El Mundo y El Plata; José Antonio Blanco del diario El Sol; Raimundo Cavagnolo de El Ariete; Mariano Castellanos de El Demócrata; y Federico Sívori de La Estancia y La Chacra.

Es oportuno señalar que Etcheverry tuvo un rol activo al lado de representantes de medios de difusión nacionales como La Prensa y El Mundo, en una agrupación histórica del periodismo quilmeño.

Generoso con su dinero, por un lado hacía regalos costosos a sus sobrinas que habían quedado huérfanas, generalmente comprados en lugares caros de Buenos Aires y por otro, solía pagar vueltas de café y bebidas para todos los asiduos concurrentes al Sportman, relataba Hernán Balasini. No controlaba los gastos y su afición por el juego lo endeudaron al punto de impedirle continuar con el periódico.

Hacia 1940 lo dejó en manos de Máximo Salaberry, propietario del taller gráfico donde se imprimía. Durante un tiempo siguió apareciendo su nombre en la publicación en carácter honorario, como gesto de cortesía a quien lo  había fundado. Desde distintas entidades recibió reconocimientos y le ofrecieron agasajos que destacaron los medios de entonces.

Enfermó y, probablemente abrumado por la pérdida del semanario, cuatro años después, el 23 de junio de 1944 se le detuvo el corazón. Sus restos descansan en el cementerio de Ezpeleta.

Por su labor, la calle de Berazategui donde vivió y estuvo la redacción se llama Braulio Etcheverry y también lo tiene otra de la localidad de Juan María Gutiérrez, donde varias arterias homenajean a periodistas la zona.

Acaso porque se desconoce su trayectoria, quedó soslayado por la historia de la prensa lugareña, pese a que nació, vivió y fundó un medio periodístico en el Partido de Quilmes.

La Palabra, hoy multimedio, que dirige el Dr.Miguel José Gaita, el año pasado celebró su centenario. A propósito del Día del Periodista, vale subrayar que continúa apareciendo en ediciones impresas. Es, probablemente, el único medio de la zona sur del AMBA que sigue publicándose en formato papel.

  • Colaboración de Ana María de Mena, Miembro Honorario de nuestra institución, autora de libros biográficos de Esteban Serventi, Gerónimo Narizzano, Julieta Lanteri, César Bustillo, ocho volúmenes más y varios cuadernillos de historia.
    Mail de contacto: anamariademena@gmail.com
Medallas que se entregaban como trofeos, contemporáneas a Braulio Etcheverry
Una de las imágenes publicadas el año pasado por el diario La Nación, comentando el siglo de La Palabra