Compartimos con ustedes la traducción de un artículo dedicado a la fábrica de dulces “Swallow Brand”, de la familia Brougham, que estaba ubicada en las actuales calles Derqui y Garay, donde hoy se encuentra el Ejército de Salvación. El artículo fue publicado en la edición de Año Nuevo del Buenos Aires Herald de 1919.
Dulces… y otras cosas. Una floreciente industria quilmeña.
“En primavera, las fantasías de un joven se vuelven hacia el amor”. De la misma manera, en verano, al comienzo de la estación de las frutas, la fantasía femenina, si no se encuentra completamente ocupada en la compra de ropa adecuada, torna sus pensamientos hacia los dulces – es decir, con la provisión de una buena cantidad de los mismos para su hogar.
Esto, si es tan afortunada como para vivir en el campo, como patrona de una hermosa “quinta” bien provista de los árboles frutales comunes en Argentina, puede hacerlo con su propio esfuerzo, como una buena ama de casa debe hacerlo. Pero debemos decir que el clima de este país, tanto en verano como en otoño, cuando la fruta es más abundante, no favorece la práctica de esas virtudes que distinguen a la mujer de campo inglesa o norteamericana, quienes pueden siempre apuntarse con orgullo el tener una despensa llena de largas filas de frascos etiquetados como “frutilla”, “frambuesa”, “cereza”, “moras”, “ciruelas”, “grosella negra”, “grosella roja” (sea mermelada o jalea), “manzana” y “pera”, etc. – todos testigos del trabajo y cuidado de las damas.El clima y la fabricación de mermelada
El clima, sin duda, es el factor principal para que las cosas sean distintas, siendo mucho más probable que la ama de casa argentina adquiera esos dulces en el almacén más cercano, en lugar de gastar sus energías, con peligro para su salud, atendiendo el almíbar hirviente en una olla al rojo vivo mientras el termómetro marca entre 30 y 40 grados a la sombra.
¡De ninguna manera! Esa ocupación puede realizarse muy adecuadamente en el invierno, cuando la llegada de las naranjas y los cítricos coincide con el tiempo frío y favorece la cocción de mermeladas, con las cuales cada familia inglesa intenta superar a sus vecinos, aunque las frutas deban ser adquiridas a X pesos la docena y el azúcar a un precio tan alto que le “deja un sabor amargo” al dulce, haciéndolo no tan conveniente para la economía doméstica. Sin embargo, esa desventaja es en parte compensada por la satisfacción de haber hecho uno mismo el dulce.
Pero difícilmente este dulce artesanal se conserve, con este clima, hasta el verano, lo que hace que lo más inteligente económicamente hablando, sea ir al almacén cuando uno necesita este producto; y esté el mismo en el campo o en la ciudad, casi con seguridad tendrá en su depósito los sabores de mermeladas favoritos en esos envases triangulares y tentadores etiquetados como “Swallow Brand” y que han hecho que el nombre de “Brougham, Quilmes” sea justicieramente famoso.La quinta Bella Vista
Este periodista y un amigo realizaron recientemente una más que interesante visita a la fábrica donde estos dulces son producidos y enfrascados. El lugar, la “Quinta Bella Vista”, se encuentra en las afueras de Quilmes, en la barranca con vistas al río y rodeada de los más hermosos paisajes rurales.
La vivienda, grande y bonita, tiene el aspecto de una estancia o del estilo de casas generalmente encontrados en las estaciones australianas, y se levanta en un parque florido y bien arbolado, desde el que se contempla un interminable mar de huertos y jardines. En la temprana primavera, cuando florecen el duraznero y otros árboles, el paisaje es exquisito, digno de ser descripto como un verdadero paraíso. El ojo del visitante en esa época se empacha de belleza, mientras recorre esos 110 acres de fascinantes colores y tonos de verdes donde se encuentran los casi 23.000 frutales. Y como, se dice, cada uno de ellos ofrece un retorno mensual de unos $10.000, puede fácilmente comprenderse que esta industria combina sabiamente el placer y la ganancia.Entorno encantador
¿Es de extrañar que, en medio de un entorno tan encantador y benéfico, el afable propietario —quien, a pesar de sus ochenta y tres años, luce saludable y vigoros— declare que es «tan feliz como un rey»?
Al hacerle este comentario al autor, sin embargo, se apresuró a corregirse, temiendo, sin duda, que pudiera ser malinterpretado, ya que «tan feliz como un rey» ya no tiene el significado que solía tener en tiempos pasados, y que ahora parecen tan remotos como las épocas de la Antigüedad, aunque en realidad no distan más de cuatro años y medio. Pero los reyes han perdido entretanto sus coronas y algunos incluso sus vidas, y los pocos que quedan saben bien que conservan sus tronos únicamente por el favor de los pueblos que gobiernan; favor que puede convertirse en capricho si no consiguen satisfacer todas las demandas que la democracia moderna les impone. Y entonces, ciertamente, cualquier felicidad que por casualidad posean probablemente será de corta duración.
Es posible que estas consideraciones cruzaran por la mente de nuestro anfitrión, y que su propia expresión «tan feliz como un rey» le hubiera parecido de pronto un término inapropiado, pues inmediatamente añadió, a modo de rectificación, que él era «el hombre más feliz del mundo».
Evidentemente, entonces, el secreto de una vida larga y alegre consiste en dedicarse a la elaboración de mermelada.
Pero rara vez el secreto de la felicidad se descubre buscándola deliberadamente. Esta envidiable condición suele surgir de manera completamente inesperada, como resultado de un trabajo honesto y de una lucha valiente en la batalla de la vida.Como comenzó la empresa
Y así parece haber sido el caso en el presente ejemplo. El propietario del establecimiento del que aquí se habla, comenzó hace dieciocho años con el negocio de elaboración de mermeladas, por necesidad y porque quería aprovechar la producción cada vez mayor de sus huertos.
Antes enviaba directamente al mercado toda la fruta que podía vender, pero se desperdiciaba una gran cantidad de excedente, y fue precisamente esta consideración la que finalmente lo llevó a emprender la actividad en cuestión, decisión de la que nunca se ha arrepentido.
Por el contrario, tiene todos los motivos para felicitarse por el éxito de su empresa, que ha crecido y prosperado constantemente año tras año y le ha proporcionado esa sensación de completo bienestar y absoluta satisfacción de la que su risueño semblante y sus palabras son testimonio elocuenteMás mujeres que hombres
Actualmente emplea a un número considerable de hombres y mujeres, constituyendo estas últimas una amplia mayoría ya que, según el capataz inglés, se las prefiere antes que a los trabajadores varones pues se ha comprobado que son más eficientes en todas las tareas del trabajo. Así, una sola muchacha fabrica 200 o más cajas de madera por día, en las que se embala la fruta madura que luego se envía al mercado de Buenos Aires.
Este trabajo —la fabricación de cajas— se realiza en un gran cobertizo situado en el exterior, y únicamente la elaboración de la mermelada y el envasado se llevan a cabo dentro de la propia fábrica.
Allí, las muchachas se sientan en mesas separadas, destinadas a los distintos procesos. En una de ellas, por ejemplo, toda la tarea de las muchachas consiste en limpiar con un paño el exterior de los frascos llenos. Solamente las muchachas más jóvenes están destinadas a esta tarea sencilla; algunas de ellas tienen apenas trece o catorce años, mientras que las muchachas mayores y las mujeres realizan las tareas de mayor responsabilidad. Naturalmente, este hecho, junto con la edad, la capacidad, etc., se tiene en cuenta para determinar el salario. Este sistema parece ser adecuado, pues todas ellas parecen estar conformes y declaran que prefieren este trabajo al servicio doméstico, donde las empleadas más jóvenes, según ellas mismas afirman, seguramente no ganarían más de la mitad de lo que reciben actualmente. Además, tendrían que fregar pisos y realizar trabajos similares, mientras que sus tardes no quedarían libres después de las 6:30 p. m., como ocurre actualmente.
Asimismo, su trabajo en esta fábrica es muy sencillo y la mayor parte lo realizan sentadas. Sin embargo, para evitar que esta ocupación sedentaria llegue a resultar demasiado agotadora o tediosa, las trabajadoras son relevadas cada tanto y enviadas a las plantaciones para recoger la fruta.El trabajo en la fábrica
En una de las mesas de la fábrica, las muchachas limpian los frascos, como ya se dijo, en otra los envuelven con papel, en otra los colocan sobre los estantes, y así todo el proceso, mientras otras muchachas se encargan de llenar los frascos con grandes jarras de mermelada hirviente. Sobre un lateral detrás de las mesas se encuentran en fila los inmensos calderos de cobre, cada uno sobre su hornalla particular alimentada con leña, y dentro de los cuales el líquido y las frutas hirviendo burbujean y salpican su fragancia y jugos a tanta distancia que es necesario mantenerse lejos de los mismos para evitar ser quemados o cegados por el pegajoso spray.
Cerca de ellos se encuentra la máquina para pesar el azucar, que en grandes cucharones es tirado sobre la balanza. ¡Azucar blanco refinado, el costo del cual, en estos días, es difícil de calcular!La producción mensual
Pero estos gastos, sin duda altos, son ampliamente justificados por las ganancias, ya que la fábrica despacha mensualmente un promedio de 500 cajones con una o dos docenas de frascos en cada uno de ellos.
Mas aún, el propietario mismo nos ha confesado una ganancia de ocho a diez mil dólares mensuales.
Y esta suma corresponde solo a la venta de las distintas clases de mermelada, incluyendo durazno, ciruela, damasco, manzana, cereza, pera, frutilla, frambuesa, membrillo, naranja, etc. (al momento de nuestra visita, el aroma dominante en el aire era el de la frutilla, y debemos admitir que la vista de la fruta roja y jugosa siendo volcada en los frascos era muy apetitosa). Pero nada se nos dijo de las ganancias de que la “sal de frutas Brougham”, la “salsa Worcester” y el “ketchup de tomate” producen para la empresa, aunque las sospechamos considerables.
Sorprende poco, entonces, que sea “el hombre más feliz del mundo”. Y hoy, a su avanzada edad, está contemplando el retiro, para lo cual transferirá el negocio a su hijo George A. Brougham quien, retirado su padre, continuará con el manejo de la empresa con los mismos lineamientos que tan satisfactorios resultados dieron hasta hoy.
Acompaña al artículo una bellísima fotografía de la quinta Bella Vista, que hoy (con modificaciones) puede aún encontrarse dentro del predio del Ejército de Salvación, y llega a divisarse desde el exterior recorriendo Garay entre Zola y Derqui. El arquitecto e investigador histórico Jorge Buján, en su tesis doctoral “La arquitectura de la colectividad británica en Quilmes (1872-1930)” estima que la construcción data de 1885.

